Hace tres años Helen Simpson (un nombre significativo) fue al casino de Nueva Zelanda a celebrar su cumpleaños. Ya se sabe: hay tantas fiestas como individuos y la joven de 33 prefirió llevar su escote más prominente que para eso era cumpleañera. Lo que no sospecharía era que un grupo de clientes se escandalizarían ante los "saltitos" que daba la susodicha y provocarían su retirada del casino por parte de las autoridades del mismo, eso sí, con mucha diplomacia. Y es que en las antiguas colonias del Imperio Británico todavía queda mucha perfomance inglesa.Mientras tanto, Helen preguntó casi retóricamente de un modo que recordaría a los discursos de Cicerón: "Cómo pudieron ofenderles mis tetas, si ellas no se meten con nadie. No lo entiendo".

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