El Bingo: historia personal

Posted by Publicado por Paulo Hernández On 16:12


"Dos linajes solos hay en el mundo, como decía una agüela mía, que son el tener y el no tener."
Miguel de Cervantes.

Empecé a jugar al bingo en el 1998. A un bingo casero, por cierto, con olor a lumbre y...bueno, realmente yo vivía en un ambiente burguesito con poco olor a leña o chimenea (no tenía) y más a electricidad y globos de agua en carnaval, pero sí teníamos un balcón gigantesco de consecuencias supremas. ¡Por allí debía meterse Papá Noel! Y enfrente estaba, recio, el edificio "donde vivían los chinos". Nunca supe si eran chinos de verdad, pero no importaba, formaba parte del folclore de mi hogar.

Mi propio bingo (que tenía escondido en una habitación secreta repleta de libros añejos) estaba compuesto por tres piezas básicas: La Bolsa de la Inocencia (manejada por medio de la llamada Mano Inocente, que es como la Mano Invisible pero de la suerte), verde y harapienta con tintes irlandeses; una baraja de cartones dibujados con líneas rojas y la palabra "BINGO" en grande y con potencia y por último un paquete de lentejas que utilizábamos para marcar los números que "cantaba" la Voz Inocente que sacaba las fichas con La Mano Inocente. Sin un sonrojo.

Resulta que jugaba con mi vecindad después de darle de comer a los peces de río que tenía, esos que buceaban con sus bigotes las profundidades de su pecera. Llevaba billetitos morados o verdes de antaño como todos y nos jugábamos sumas increíbles para un niño, que ¡alcanzaban para comprar un paquete de caramelos y todo! Y variados, para colmo de muchos. Y bueno, no entendía porqué pero siempre perdía. Aunque a veces me llamaran "el brujo" cuando acertaba por pura casualidad en algún número de la lotería yo juraba y perjuraba que no hacía ningún tipo de rituales y no sabía más de escobas que lo básico: eran algún tipo de artefacto que poseía a las personas y las hacía moverse de un lado al otro compulsivamente. No comprendía todavía el noble arte de la barrienda pero sí me llegaban intuiciones de que el bingo era algo más serio que ganar para un paquete de regalíes, que se jugaba en sedes de bingo y esos asuntos. Una vez recuerdo que lancé las fichas al suelo por una rabieta. ¡No siempre se puede obtener la victoria!

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