La historia de Stu Ungar tiene doble moraleja. La primera enseñanza que nos lega es que todo el mundo, si se lo propone, puede triunfar en el poker y llegar a lo más alto. La segunda es que hay que tener muchísimo cuidado al ganar, ya que innumerables vicios pueden destrozar nuestra leyenda, como le ocurrió a Stu.
Stu, al alcanzar su leyenda, se convirtió en un proscrito para muchos casinos. Su capacidad de ganar todos los torneos de poker imaginables (dejó incluso a una máquina que programaron para ganarle cortocircuitándose) le hizo temido en las mesas y adorado por un extenso público de amantes del poker.
Comenzó en el mundillo con sólo catorce años para mantener a la familia. Pero no salió de la nada, palpaba desde hacía tiempo el ambiente del juego. Como él mismo escribió: "“¿Alguna vez vieron la película que dirigió Robert De Niro en la que un chico del Bronx es apadrinado por un mafioso? Bueno, así era yo. A los catorce años alguien empezó a apadrinarme. Mi padre era un levantador de apuestas, de los importantes. Manejaba el Fox’s Corner, un bar en la Segunda y la Siete, en Nueva York. Nací en 1953 y me crié rodeado de tipos de la mafia"
Se denominaba como un "adicto a la acción" que apostaría hasta en una carrera de cucarachas.Un jugador nato, por naturaleza. Cuando ganaba unos pavos no se lo pensaba dos veces, iba a las carreras y se gastaba hasta el último centavo, (a veces pasaba de tres millones de dólares a cero en el mismo día) sin temor, se sentía sin nada que perder y eso lo llevó hasta la victoria en el campeonato mundial.
Ése es el punto que todo jugador de poker podría aprender del gran Stu. No tener miedo a seguir jugando hasta las últimas consecuencias. Sin embargo, cayó en la cocaína y no tuvo más escapatoria. Eso es lo que hay que evitar. Y a pesar de todo, él siempre consideraba que si alguien cae, debe levantarse. Como mencionó en una ocasión: “Estaba listo para bajar, ya bañado y vestido, pero me miré en el espejo y me di cuenta de que estaba terrible: parecía salido de Auschwitz. Pensé que no iba a poder jugar diez horas durante cuatro días seguidos, y además hacerlo como los dioses. Ahí me di cuenta de que el año anterior me estaba cobrando peaje”.
Stu, al alcanzar su leyenda, se convirtió en un proscrito para muchos casinos. Su capacidad de ganar todos los torneos de poker imaginables (dejó incluso a una máquina que programaron para ganarle cortocircuitándose) le hizo temido en las mesas y adorado por un extenso público de amantes del poker.
Comenzó en el mundillo con sólo catorce años para mantener a la familia. Pero no salió de la nada, palpaba desde hacía tiempo el ambiente del juego. Como él mismo escribió: "“¿Alguna vez vieron la película que dirigió Robert De Niro en la que un chico del Bronx es apadrinado por un mafioso? Bueno, así era yo. A los catorce años alguien empezó a apadrinarme. Mi padre era un levantador de apuestas, de los importantes. Manejaba el Fox’s Corner, un bar en la Segunda y la Siete, en Nueva York. Nací en 1953 y me crié rodeado de tipos de la mafia"
Se denominaba como un "adicto a la acción" que apostaría hasta en una carrera de cucarachas.Un jugador nato, por naturaleza. Cuando ganaba unos pavos no se lo pensaba dos veces, iba a las carreras y se gastaba hasta el último centavo, (a veces pasaba de tres millones de dólares a cero en el mismo día) sin temor, se sentía sin nada que perder y eso lo llevó hasta la victoria en el campeonato mundial.
Ése es el punto que todo jugador de poker podría aprender del gran Stu. No tener miedo a seguir jugando hasta las últimas consecuencias. Sin embargo, cayó en la cocaína y no tuvo más escapatoria. Eso es lo que hay que evitar. Y a pesar de todo, él siempre consideraba que si alguien cae, debe levantarse. Como mencionó en una ocasión: “Estaba listo para bajar, ya bañado y vestido, pero me miré en el espejo y me di cuenta de que estaba terrible: parecía salido de Auschwitz. Pensé que no iba a poder jugar diez horas durante cuatro días seguidos, y además hacerlo como los dioses. Ahí me di cuenta de que el año anterior me estaba cobrando peaje”.

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