En el Texas Hold’em, como en las demás variantes, las apuestas son el alma máter del juego. Imaginar una partida de poker sin ellas es prácticamente imposible. Por esa importancia que tienen, les daré algunos consejos bastante útiles para poder realizar apuestas conformando anteriormente una estrategia. Recordemos que cuanto más pensemos el juego, más fácil nos será llevarnos el pozo.
Lo primero a tener en cuenta es que siempre debemos observar la relación entre nuestras apuestas y el pozo. Es decir, si tenemos un pozo de ciento cincuenta fichas, sería en vano apostar tres mil fichas, ya que estaríamos arriesgando mucho para obtener una recompensa mínima. De todas maneras, al ser un juego basado también en la especulación, las apuestas nos pueden servir de señuelo para engañar a los demás participantes.
Hay diferentes objetivos que se pueden conseguir mediante la buena realización de apuestas, aquí los detallo:
• Aumentar el ‘tamaño’ del bote: si nos viene una buena mano y logramos ver que algún adversario también tiene o cree tener cartas útiles, debemos apostar antes del flop para hacer sustancioso el pozo. El otro hará lo mismo si las cartas le dan la confianza suficiente como para no echarse atrás, así podremos sacar una buena ventaja del impulso del otro. Es fundamental hacer esto siempre que tengamos buenas cartas de mano.
• Disminuir los jugadores en la mesa, con un consiguiente aumento de probabilidad de ganar el bote. Si tenemos una buena jugada de cartas no hay que dudar en subir la apuesta. Si apostamos “fuerte”, los adversarios que tengan juegos desarmados preferirán irse a perder dinero.
• Ganar el pozo sin llegar al Showdown: con esta estrategia no ganaremos grandes cantidades de fichas, generalmente sólo se gana de esta manera cuando todos los jugadores no tienen juegos armados, por lo tanto ninguno se habrá jugado a hacer apuestas sustanciosas. De todas maneras, si llegamos a la cuarta carta comunitaria y vemos que nuestros rivales no hicieron grandes movimientos, podemos amedrentarlos haciendo una apuesta grande. Es casi seguro que todos se retiren, y por quedar sólo nosotros en la mesa, nos llevaremos el pozo. Esto tiene el riesgo de que alguno se haya reservado y nos redoble la apuesta, llegado ese caso… nos queda solo el instinto, para saber si el otro miente o no.

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